Mogotocoro, El Último Chitarero. Germán E. Bermudez M.

German E. Bermudez M nace en San Andres Santander. “Soy un diletante de la historia y la Antropología prehispánica, que se atrevió a hacer un ejercicio literario de escribir una historia y además, se embarcó en la ventura de ser auto editor. Muchas gracia a todos los lectores porque son los que le dan sentido a la palabra escrita”.

Mogotocoro, El último Chitarero. Es un relato de ficción histórica, acerca de la conquista  de los territorios  de la cuenca oriental del rio Chicamocha,  o del sur de Pamplona,  territorio que actualmente es jurisdicción de los municipios de Guaca, San Andrés, Cepitá y Umpala.

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Está inspirado emotivamente por la obra “Monografía histórica de Guaca” que es una  exhaustiva recopilación   de documentos históricos desde la conquista hasta la guerra de los mil días de esta región oriental de Santander, realizada por  Don Prospero María Jaimes Camacho, quien motivado por su amor  y curiosidad por la historia de su comarca y a sus genuinos antepasados los aborígenes Chitareros, nos los presenta a través de los documentos históricos que tienen la mirada despreciativa del cronista español quienes  se limitaron a describir su fisonomía, su vestuario, sus costumbres, no se refirieron a los cultos, solamente los calificaron como  idolatras, a presentar un mediocre y subjetivo perfil psicológico que los denominó como taimados, maliciosos, arbolarios,   desconfiados y perezosos.

Literariamente está  influenciada por la novela épica sobre la colonización  norteamericana del escritor  James Fenimore  Cooper, titulada  “El ultimo Moicano”;  de donde me surgió la idea de escribir  una historia  de ficción y de  la necesidad de recrear  la historia de la conquista de otra manera, que fuera más amena que la lectura de los documentos históricos y pensando en que sus destinatarios fueran todos los amantes de la lectura y la curiosidad por su propio pasado.

El argumento y narración pretende  hacer ver al lector que estos pueblos primitivos, silvestres y terrígenos tenían una  cultura representada no solo en el lenguaje, aun sin escrituras pero en vías de tenerla, puesto que los pictogramas y grabados son los inicios para llegar a ella. También estaba representada en su cosmovisión  de carácter mitológico como todos los pueblos primitivos; en una organización social de castas familiares; organización política con un gobernante de carácter vitalicio y hereditario siempre y cuando respondiera al liderazgo requerido; normas y principios que regían la vida de un grupo lo que indicaban una insipiente organización social; sacerdotes y chamanes, hechiceros y curanderos para aliviar los males del cuerpo y del espíritu; una organización tribal de defensa con una ética del combate; un credo mitológico de culto a la naturaleza y a un poder sobre natural con ritos; culto a los muertos y la creencia de una vida después de la muerte física. Expresiones de cultura gastronómica con producto cuya materia prima era el maíz, la arracacha, el corozo y el frijol entre otros. Un sistema numérico de base decimal para contar, lo que indicaba rudimentos matemáticos, conocimientos de geometría basados en la arquitectura, astronómicos representado en el calendario lunar.

Está narrado con lenguaje sencillo, pero salpicado de términos de la lengua chibcha, de los cuales sobreviven  en el lenguaje  actual de los pobladores de la región  los topónimos con las que  se nombran lugares, como Litas aga, que castellanizado significa “valle  abajo de la piedra”, según el uso  popular “piedra abajo”, o cupa aga, que significa “valle arriba o encima de la piedra”; antropónimos,  los que actualmente figuran como apellidos, entre los que tenemos Chipagra, Chanagá, Matagira, entre otros muchos; nombres de plantas, de animales, objetos  de uso cotidiano, comidas como “arepa” que para ellos significaba  comida de maíz, o “ajiaco” que significa comida en general, sustantivos como Chichagüi  que significaba para ellos enfermedad, Chacúa que significaba  muerte, entre muchos otras, pero que castellanizados cambiaron de sentido.

“El mensajero hizo que Mogotocoro dejara de pensar  en la enfermedad de su sobrino, el moja (niño) Chuangará, quien estaba siendo atendido en el fondo del tambo (vivienda circular de techo cónico hecha en caña barro y paja) por el curandero, la hermana del Sybintiba y madre del heredero, las tijuyes (esposas) del cacique y sus sirvientes.” Pag. 12, capítulo I- Las primeras apariciones del invasor.

Mogotocoro, El Último Chitarero: Unas palabras pensadas para ser dichas y que terminaron impronunciadas porque su autor fue invitado a decirlas en el lugar equivocado..

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