El panajedrez de Xul Solar, demiurgo de Borges

Detalle del panajedrez. El tablero, como en la figura anterior, parece ser de 13×12, pero la descripción del propio Xul Solar es de 13×13. ¿será parte del misterio? (DP)

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Modigliani y Giacometti alargando la realidad. Así me imagino a los habitantes de Tlön.

Cuando Vasily decidió dejar su carrera de abogado para dedicarse al arte hizo algo que trasciende el ámbito de las decisiones personales: llevó a cabo un acto de valentía. Hay pocos valientes en este mundo; muchos de ellos se encuentran en el ámbito de la creación, allí donde todo es incierto y las sombras aborrecen el muro de la caverna. La decisión de Kandinsky revolucionó el arte y creó la pintura abstracta. Hay otros tipos de valentía, por supuesto, como la falta de miedo al dolor, a la muerte; héroes que se embarcan en guerras y vuelven, cuando vuelven, con medallas y condecoraciones y unos cuantos muertos a sus espaldas. Aun otros salvan vidas en situaciones horrorosas de hambre o de catástrofes naturales; son valientes con mayúsculas, gentes a las que habría que rendirles pleitesía por esa valentía desinteresada y solidaria. La valentía de la que quiero hablar es menos heroica, pero también necesaria, porque es muy humana y porque ha hecho que la sociedad avance en la búsqueda del conocimiento; es la valentía de los que se atreven a enfrentarse a lo desconocido. En la Edad Media a estos valientes se los quemaba vivos. Cuando un artista crea, descubre un mundo que Platón hubiese dicho que siempre estuvo ahí, agazapado, esperando la introspección del escritor o del pintor o del músico, deseando su materialización en el mundo de los vivos. En la ciencia ocurre algo similar, se descubren teoremas que estaban escondidos en la irrealidad de lo ideal o se desprenden ideas y conceptos, idealizados, a partir de la observación de lo real. Arte y ciencia convergen, porque son actos de creación, actos de conocimiento, actos valientes, un asalto a la nada, un ámbito donde pueblan seres misteriosos, quizá ligeramente más alargados que los seres de nuestra realidad objetiva. Jorge Luis Borges lo describió así (Amadeo Modigliani lo pintó y Alberto Giacometti lo esculpió):

Siglos y siglos de idealismo no han dejado de influir en la realidad. No es infrecuente, en las regiones más antiguas de Tlön, la duplicación de objetos perdidos. Dos personas buscan un lápiz; la primera lo encuentra y no dice nada; la segunda encuentra un segundo lápiz no menos real, pero más ajustado a su expectativa. Esos objetos secundarios se llaman hrönir y son, aunque de forma desairada, un poco más largos.

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Xul Solar y Jorge Luis Borges, comida porteña.
(DP)

Las vanguardias artísticas literarias y pictóricas del siglo XX querían que el mundo se transformase, ponerlo todo patas arriba y reventar la cultura. Sin duda, la revolución de las ciencias en el pensamiento natural tuvo una influencia decisiva en esa necesidad de encontrar nuevos lenguajes que produjesen nuevos diálogos con la realidad. En la biología, Darwin había puesto al ser humano en su sitio dentro del mundo animal; la dualidad cuerpo-alma dejaba de tener sentido, no dejaba espacio para la creación especial del ser humano: ¡Homo sapienses tan mono como Pan troglodites! En química, Mendeleiev mostró la lógica estructural de los elementos ordenándolos en su sistema periódico; Freud nos contó un cuento acerca de fuerzas primitivas dentro de nuestra mente que afloran del subconsciente, luchas entre egos y alter egos y super egos; Einstein nos mostró tiempos y espacios fundidos, entrelazados, y una fuerza de la gravedad que dobla el espacio sobre sí mismo; y Poincarénos propuso sistemas dinámicos, a la vez imprevisibles y a la vez determinados. Ciencias novedosas, ejemplos magistrales, raros, nuevos, singulares, gigantes de la biología, la química, la psicología, la física o las matemáticas. Los artistas contemplaban todos estos acontecimientos y querían quemarlo todo. Ahí estaba también Nietzche con su filosofía a martillazos; si Dios ha muerto, ¿dónde queda la creación?

Hay, presumiblemente, otros actos de creación. En la tradición del Tao, la creación procede de la nada; en el Tai Chi, el universo entero, habitan los «diez mil seres» (la diversidad biológica) que proceden de la conjunción de lo pleno (yang) y lo vacío (yin). La combinatoria de dos conjuntos de tripletes forman los sesenta y cuatro hexagramas del I Ching, una combinatoria que no es ni más ni menos que un sistema binario que precede aLeibniz en miles de años, la combinación de todo lo posible. Hay científicos que son puros creadores, muestran nuevas ideas donde antes no había nada; una extensión de la metáfora de todo lo posible se encuentra en el autómata de celular de Von Neumann y en la máquina universal de Turing, capaz de computar todo lo imaginable y aquello que no podemos imaginar y también en el Juego de la Vida de Conway, un autómata celular que puede implementar, a partir de reglas simples, toda la complejidad de la máquina universal. Suena familiar, ¿verdad? Claro. Reglas simples, gran complejidad, el juego, la vida, el ajedrez.

Hay también creadores con sabor a genialidad intelectual que muestran al mundo otros mundos. De repente, un juego total. La certeza de encontrarse ante algo conocido y desconocido a la vez. Un Ramon Llul de principios de siglo XX, pero alejado del centro del mundo, en el sur profundo, aquél que se mira a sí mismo y no acierta a comprender la vileza de la geografía. Señoras y señores, apréstense a entrar en el universo (los universos) deOscar Agustín Alejandro Schulz Solari, porteño nacido en 1887 y fallecido en 1963, más conocido por su nombre artístico/místico/cósmico: Xul Solar, y su panjuego, el panajedrez.

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Xul Solar jugando al panajedrez con su esposa. (DP)

Trece filas por trece columnas. Cada pieza, un mundo; cada casilla, una oportunidad para reescribir el universo. Si el ajedrez clásico tiene 10^120 posiciones, el panajedrez engloba a todas ellas y las multiplica por un número inimaginable. Vocales, consonantes, colores, planetas y constelaciones, todo unido en una urdimbre cuya imposibilidad, asusta. ¿Reglas? Las que convengan en el momento; de ello se quejará Jorge Luis. ¿Qué dios detrás de dios la trama empieza? Ahí estaba la inspiración de uno de los grandes: Xul Solar, el demiurgo de Borges. De vez en cuando le daría entrada en su propio mundo literario, una manera tácita de reconocimiento. En el genial Tlön, Uqbar, Orbis, Tertius, el padre de todos los cuentos, leemos:

…no hay palabra que corresponda a la palabra luna, pero sí hay un verbo que sería en español lunecer o lunar. Surgió la luna sobre el río se dice blor u fang axaxaxax mlo o sea en su orden: hacia arriba (upward) detrás duradero-fluir luneció. (Xul Solar traduce con brevedad: upa tras perfluyue lunóUpward, behind the onstreaming, it mooned)

En el panajedrez de Xul Solar las piezas eran planetas que navegaban por constelaciones del zodiaco, pero también eran consonantes que, al caer en las combinaciones silábicas de los escaques, podían formar palabras inventadas, en una combinatoria sin fin. Xul Solar se «explica»:

…el fundamento de este juego es un diccionario de una lengua filosófica a priori que si se escribe con los signos elementales correspondientes de su sonido —especie de taquigrafía triple de líneas, forma y grifos, que se describe en otra ocasión— forma toda clase de dibujos (abstractos) y combinaciones musicales, también inscritas en las distintas posiciones de la marcha del juego.

Jorge Luis se sienta frente al tablero y hace sus movimientos frente a Xul, a quien no le pesa la levedad de las reglas. Años después en una conferencia sobre su persona, Borges le recordaría de esta manera:

A medida que explicaba el juego, Xul comprendía que su pensamiento ya había dejado atrás lo que explicaba, es decir que al explicarlo iba a su vez enriqueciéndolo y por eso creo que nunca llegué a entenderlo, porque él mismo se daba cuenta de que lo que él decía ya era anticuado y siempre lo cambiaba o agregaba otra cosa.

El tablero era infinito, la primera y la última columna se conectaban entre sí de tal manera que se formaba un escenario sin principio ni final para la creación. Las piezas, treinta para cada jugador, se iban poniendo a medida que el juego avanzaba, como si fuera un Go-Scrabble, y se podían acumular hasta tres una encima de la otra, lo cual era preferible, aumentando la complejidad del hallazgo creativo. Había piezas como torres y caballos y alfiles y reyes, como en el ajedrez, pero correteaban con otras más oníricas, como la contratorre, la bitorre y la tritorre y una especialmente interesante que podía ser usada por los dos jugadores: el azar. Me imagino a Borges jugando con Xul y escribiendo blor u fang axaxaxax mlo con unos cuantos saltos de caballos o un movimiento de triple torre.

Los grupos literarios de las vanguardias argentinas de las décadas de 1920 y 1930 (Boedo y Florida, el primero más social, el segundo más formal y los dos entrelazados hasta el infinito) crearon el germen de la literatura fantástica: ciencia, filosofía, arte y poesía, todo en uno. Grandes de la literatura universal como el propio Borges,Raúl González TuñónOliverio GirondoRoberto Arlt o Leopoldo Marechal estuvieron ahí; Xul Solar participó en ellos como artista total, un valiente. Ya lo hemos dejado dicho, los valientes se enfrentan a la vida de otra manera. Creando mundos para nosotros, mundos que estaban suspendidos en la irrealidad de lo ideal; mundos que reverberan, recordando que los trazados magentas sobre un lienzo en blanco tienen poderes mágicos que nos hechizan y nos conmueven. Juegan blancas y se emocionan en cuatro jugadas.

El panajedrez de Xul Solar, demiurgo de Borges.

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