El vanguardismo musulmán | Cultura | EL PAÍS

El vanguardismo comenzó a mediados del siglo XX. Al menos, para los artistas del mundo islámico. Su profeta fue Madiha Omar (Alepo, 1908-2005), que entre 1944 y 1945, mientras estudiaba pintura y escultura en la Corcoran School of Art en Washington, experimentó una revelación en forma de libro. No era el Corán, sino un estudio universal sobre caligrafía de la académica Nabia Abbott que incluía un epígrafe dedicado a los países árabes. Lo que Omar descubrió fue que un puente improbable se tendía entre la abstracción y el alfabeto del Islam. Apenas un lustro después, la librería pública de Georgetown en Washington acogía 22 cuadros de esta artista iraquí llevando esa revelación a la práctica.

Ha pasado más de medio siglo y otra profeta del arte en su tierra, la princesa jordana Wijdan F. Al-Hashemi (Amán, 1939), abandera a esta creadora y a otros 56 en la exposición Reflexiones del cielo, meditaciones en la tierra.

“la cultura y el arte es el único idioma en el que podemos entendernos. Los acuerdos no significan nada para mí; la historia demuestra lo que valen. Pero a mí lo que me interesa es que me entiendas como mujer jordana, como musulmana ¿Y cómo me vas a entender sino es a través del arte?”

La muestra la expone la Casa de América de Madrid y puede visitarse gratuitamente desde la inauguración presidida por la Reina el pasado 28 de marzo hasta el próximo 14 de abril.

 

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culturaelpaiscom. La princesa Jordana Al-Hashemi con su obra “amor”

La princesa no es solo la cara diplomática de la exposición. Una vitrina alberga la palabra amor en árabe esculpida sobre cristal morado de Murano. Al lado de ella, un cuadro abstracto, Yo soy tú (2009), repite la palabra entre salpicaduras de pintura morada y un fondo oscilante en tonos verdes y amarillos. Las dos obras las firma Wijdan, el nombre artístico de la princesa. Ser parte del movimiento artístico la ayuda a sentir de forma mucho más cercana la “efervescencia” que está viviendo su país en lo cultural. Y a pensar en métodos para expandirla también de puertas adentro: “En Amán tenemos dos o tres exposiciones al día. El problema es cómo llevar el arte a las aldeas. Así que creamos una iniciativa llamada Museo Móvil: un camión que viaja cada martes de pueblo en pueblo para mostrarles a las familias de campesinos, sobre todo a los niños, qué es el arte”.

A pesar de su mensaje de hermanamiento cultural, Al-Hashemi también tiene palabras duras para Occidente:

“Gran parte de los estereotipos sobre el Islam son culpa de los grandes medios de comunicación, nos guste o no. Se nos pinta como fanáticos, terroristas y maltratadores de mujeres. Una anécdota que lo ilustra: Cuando presenté otra exposición en Estados Unidos, en Little Rock, alguien del público me hizo esta pregunta: ‘¿Le tuvo que pedir permiso a su marido para viajar?’ Yo le contesté: ‘Querido, no le pido nada a mi marido para viajar a ninguna parte’. Otro me preguntó: ‘¿Tuviste que sacar a escondidas las obras de tu país?’ Cuando le pregunté de dónde sacaba esa idea, me contestó: ‘Es que tu religión prohíbe el arte”.

“Dime una sola vez en la que el arte haya servido para introducir algún cambio político o social. Tal vez la literatura algo más, porque uno vuelve a ella y perdura y moldea la memoria. Lo máximo que puede hacer el arte es acercar a los intelectuales y artistas con el público en general. ¿Pero los políticos? Conozco a [con énfasis muchos políticos de mi país y del mundo, y una gran parte no tienen ni idea de arte. Ni interés en él. Así que soy pesimista por cómo veo el mundo, con el avance de los fanatismos y extremismos en todas las culturas. Pero me fuerzo cada mañana a ser optimista por mis 30 nietos”.

 

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